Séptima Palabra

"PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU"

ORACIÓN
Dulcísimo Jesús, Dios y Hombre verdadero, que después de tantos y tan crueles sufrimientos disteis vuestra preciosísima vida por nuestra salvación, mostrando en esta última palabra a vuestro eterno Padre la sumisión humilde que en toda vuestra vida acreditasteis. Haced Señor, que por vuestros méritos vivamos como verdaderos fieles y obedientes hijos vuestros, para que acertando a cumplir vuestra santísima voluntad, podamos entregar nuestras almas en la hora de nuestra muerte en vuestras benditas y divinas manos y asegurar en ellas felicidades de gloria; donde vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Sexta Palabra

"TODO ESTÁ CUMPLIDO"

ORACIÓN
Jesús, único asilo y remedio nuestro, que con los inmensos tesoros de vuestra sagrada pasión, muerte y resurrección enriquecisteis tanto vuestra santa Iglesia, que solo quien de ellos no se utilice, podrá llamarse pobre, infeliz y desgraciado. Suplicamos Señor, que con vuestra divina gracia imprimais en nuestros corazones el dignísimo aprecio que merecen vuestros inefables méritos y que con verdadero amor os seamos eternamente agradecidos, sabiendo consumar con una muerte preciosa el cumplimiento de vuestra ley sobernana para veros y gozaros en la gloria; donde vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Quinta Palabra

"TENGO SED"

ORACIÓN
Soberano Señor y Redentor de nuestras almas, que por nuestro amor y sobrando lo excesivo de vuestros tormentos, para satisfacer la ardiente sed de padecer exclamasteis: "Tengo sed", en lo que se epíloga lo inmenso, infinito e imponderable de vuestra caridad. Concedenos Padre amantísimo, que nunca se apaguen en nuestros corazones la sed de compadecernos de vuestras penas y el ansioso deseo de satisfacer nuestras culpas; para que lográndose la eficacia de vuestra gracia, merezcamos serviros en la gloria; donde vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Cuarta Palabra

"¡DIOS MÍO, DIOS MÍO! ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?"

ORACIÓN
Oh amado Señor y Redentor Nuestro, a cuyo ardiente amor y deseo de padecer, fue un cruelísimo dolor ver como se acababa ya el tiempo de sufrir mayores tormentos por el bien de nuestras almas, y que no en todas había de lograrse el fruto eficaz de vuestra copiosísima redención. Suplicamos Señor, que por vuestra pasión santísima, hagáis que se logre en nosotros la virtud eficaz de vuestros tormentos, para que alcancemos servirte, y gozarte en la gloria: donde con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Tercera Palabra

DIRIGIÉNDOSE  A SU MADRE: "MUJER AHÍ TIENES A TU HIJO". Y DIRIGIÉNDOSE AL DISCÍPULO QUE ÉL AMABA: "AHÍ TIENES A TU MADRE".

ORACIÓN
Oh dulcísimo Jesús y Señor Nuestro que estando ya cercano a morir en el madero de la Cruz, siendo visto por su afligida Madre, María Señora Nuestra, cuyos dolores y compasivas penas, eran uno de los más agudos clavos de vuestra crucifixión, renunciaste al consuelo de nombrarla Madre, apellidándola solo Mujer. Concédenos por vuestros inmensos dolores y los de vuestra Santísima Madre, que dejando todo humano consuelo y alivio, solo aspiremos al eterno gozo con el que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Segunda Palabra

"DE VERDAD TE DIGO, QUE HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO"

ORACIÓN
¡Oh Soberano Redentor, y Señor Nuestro! Que desatando los raudales de vuestras misericordias disteis en esta palabra a beber el agua saludable de esperanza de vida eterna, a quien con pocas, pero humildes voces, imploró vuestra protección soberana. Concédenos, por los copiosos raudales de vuestra sangre, y agua, que bañados en ellos como el Buen Ladrón arrepentido, merezcamos oír de vuestra divina boca la cierta esperanza de la vida eterna; en la que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Primera Palabra

"PADRE, PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN"

ORACIÓN
¡Oh amabilísimo crucificado Jesús! Nuestro Dueño y Señor, que con tan ardiente e inefable caridad, como si no tuvieseis presente vuestro inmenso padecer, ya que solo el perdón de nuestras culpas robó vuestra atención amorosa pidiendo a vuestro Eterno Padre por los que os crucificaban. Te suplicamos rendidamente, por esa vuestra infinita caridad, que acertemos a perdonar nuestras injurias, y a practicar de corazón lo que nos enseñaste con tan divina palabra, mereciendo que nos perdonéis nuestras culpas, mediante la intercesión poderosa de Vuestra Divina Majestad, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

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