Historia

En el ambiente de la Granada de principios del siglo XVI surgió la devoción del Stmo. Cristo de la Luz en la albaicinera iglesia de San Luis de los Franceses. La hermandad se crea en el año 1512 y en 1733 se crea una nueva capilla para el Cristo, construida en terreno de la hermandad y agregada a la iglesia, la primera de la derecha entrando en el templo. Se adornó de cornucopias y exvotos. La entrada a la misma la constituía un arco de medio punto cerrado completamente con una cancela de hierro. Dentro un pequeño retablo barroco presidido por la imagen del Cristo dentro de una hornacina cerrada con puerta de cristal. A los lados contenía el retablo dos calles separadas por estípites entre los que se abrían dos hornacinas, una con la imagen de San Juan de Dios, devoto del Cristo, a la izquierda del Cristo, y otra con la imagen de San Luis de Francia, titular de la iglesia, a la derecha del mismo.   

Pronto se hizo famoso en Granada el Setenario que le dedicaba su hermandad en los siete viernes siguientes al Domingo de Resurrección, que normalmente finalizaba a finales del mes de mayo o a primeros de junio , a cuyos actos de culto asistía multitud de devotos. Este septenario, llamado de los siete "reviernes", finalizaba con una función principal de reglas celebrada el sábado, y la consiguiente multitudinaria procesión con la imagen llevada en andas.

Asimismo, en la primera mitad del siglo XVIII se va a fundar en la iglesia otra hermandad mariana, quizá nacida del tronco de la del Cristo de la Luz, con la misma advocación de éste: la Hermandad de Ntra. Sra. de la Luz, que poseía como titular una imagen gloriosa de la Virgen. Esta hermandad, independiente de la del Cristo, celebraba sus cultos en ese siglo en el mes de Noviembre con novena, misa cantada y exposición del Santísimo. Por la tarde, después del Rosario y las letanías, se procedía a procesionarla por las calles del barrio.


La hermandad poseía la propiedad de varias casas contiguas a la iglesia de San Gil y cercanas al aljibe, aun hoy existente. Una de ellas, la contigua a la capilla de la imagen la adquirió en 1764 pagando un censo a la Hermandad de San Luis. Otra casa también poseía la hermandad adquirida en 1766 a Alfonso Gómez, por el hermano mayor Manuel Alonso de Torres y el mayordomo Salvador de Herrera, siendo secretario de la hermandad Cristóbal M. Vivar, que lindaba con el aljibe y con la capilla del Cristo. También la Hermandad poseía otra casa en la Calle Larga de San Cristóbal, cercana a esta iglesia albaicinera.

Durante el siglo XVIII, cinco hermandades tenían su sede en la iglesia de San Luis: La del Cristo de la Luz; la de Ntra. Sra. de la Luz; la de Ntra. Sra. de la Paz (procedente de Santa Isabel de los Abades); la de las Santas Justa y Rufina de alfareros y la del Divino Pastor, de vida efímera. La hermandad de San Luis, titular de la iglesia, había pasado a la iglesia de San Antón, donde aun permanece su imagen.

Pocas noticias se tienen de la hermandad durante la primera mitad del siglo XIX, aunque seguía celebrando sus tradicionales cultos, cuando la situación difícil en los aspectos políticos y religiosos de la época se lo permitían. De los grabados existentes se deduce que en 1821 era hermano mayor Pedro Velutti o Vilttuti y en 1846 Antonio López y mayordomos Manuel Jiménez, Antonio Domínguez, Francisco Sánchez, Manuel Álvarez, Rafael Rodríguez y Francisco García. En ese tiempo se declaró protector de la imagen el Arzobispo don Blas Joaquín Álvarez de Palma. En 1839, unos años antes de dejar de ser parroquial la iglesia de San Luis (1842), la capilla del Cristo de la Luz amenazaba ruina por estar podridas las vigas de madera de la misma, descansando prácticamente su tejado sobre la bóveda de la capilla. La obra la realizó el maestro de obras Luis Antonio Alcántara. 

La procesión del Santísimo Cristo de la Luz parece ser que quedó  suprimida hacia la segunda mitad del siglo XIX. De todas formas, la devoción se siguió manteniendo, celebrándose en 1853 los siete reviernes en la iglesia del Salvador a donde fue llevada al efecto la imagen del Cristo, al haberse suprimido en esta fecha la parroquial de San Luis, aunque la iglesia permaneció como
ayuda de parroquia y en ella la imagen del Cristo de la Luz, su hermandad acudía con sus directivos y estandarte a la procesión del viático de la nueva parroquia a la que pertenecía, la del Salvador.

En la tarde del lunes día 22 de mayo de 1853 se realizó una procesión para devolver la imagen al templo de San Luis con asistencia del arzobispo y de la banda de música del Regimiento de Artillería. Al año siguiente vuelve a celebrarse en el Salvador predicada por el párroco de Ntra. Sra. de las Angustias don Joaquín Romero Saavedra. Al año siguiente, se celebra en 1854 una solemne rogativa para impetrar la finalización de la terrible epidemia de cólera morbo que asolaba la ciudad, y en 1871 se celebra otra función de desagravio por los sucesos antireligiosos acaecidos ese año. En los siguientes años no se celebra su procesión. De todas formas,  la hermandad vuelve a conseguir su esplendor habitual a finales de dicho siglo y la procesión se celebró otra vez en junio de 1895, es decir, al final de los siete reviernes y de la función principal. En esa procesión de 1895, con el Cristo se procesionó la imagen de la Virgen Dolorosa de San Luis.

La hermandad en esos años participaba en actos penitenciales como la procesión del Santo Entierro del Albaicín. Así, la mencionada Dolorosa, formó parte en 1882 de la procesión del Santo Entierro que se celebró ese año en el Albaicín con el Cristo del Sepulcro de la iglesia de San Ildefonso.

Los cultos se siguen celebrando con esplendidez en los primeros años del siglo XX, siendo hermano mayor don Matías Méndez Vellido, y asistiendo los grandes predicadores de la época, algunos elevados hoy a los altares, como Juan Nepomuceno Zegrí, D. Diego Ventaja, obispo de Almería  y D. Manuel Medina Olmos, rector del Sacromonte y después obispo de Guadix-Baza, con la asistencia de la música de la Catedral dirigida por Celestino Vila, y años después, por el maestro Vidal.

En 1910, la hermandad del Cristo de la Luz, junto con la Sacramental del Salvador, organizaron el tradicional Vía Crucis del Albaicín, germen de la Cofradía de penitencia del Santo Vía Crucis, fundada en 1917, que también durante algunos años contó con la imagen de esta Dolorosa. Días antes, se trasladó la imagen de Nuestra Señora de los Dolores o de la Soledad, como
también se menciona para aludir a la Dolorosa de San Luis, a la iglesia del Salvador para los cultos de Cuaresma. El Vía Crucis de 1910, seguramente realizado también en los años sucesivos, partió del Salvador con las imágenes del Nazareno de la ermita de San Miguel y con la citada Dolorosa. Al finalizar el acto, quedó el Nazareno en su ermita, y la Virgen, acompañada por la hermandad del Cristo de la Luz, en San Luis, donde se le entonó una salve. Ese año, y desde 1908, dirige la hermandad como hermano mayor don Francisco González Vázquez y en 1916 don José Fernández Fígares, levantando dicha hermandad en 1917, en colaboración con la recién fundada del Santo Vía Crucis, en la inmediata placeta de la Cruz de Piedra uno de los catorce altares que jalonaban el itinerario de la Cofradía del Santo Vía Crucis, hasta su subida a la ermita de San Miguel en el Cerro del Aceituno. El altar lo presidía la propia imagen del Stmo. Cristo de la Luz, que después se incorporó a la procesión a su regreso a la iglesia del Salvador, cuando el Nazareno quedó en San Miguel Alto. El altar lo continúa levantando la hermandad en los años siguientes, pues, al menos, en 1920 hay noticia de ello.

El llegar la Segunda República, en 1931, los sucesos revolucionarios que desencadenaron algunos sectores de la población provocaron el incendio de la Iglesia de San Luis, llevándose, pasto de las llamas, la gran riqueza artística, cultural, devocional e histórica que contenía la mencionada iglesia albaicinera. El legado que la ciudad había ido atesorando durante siglos se perdió en una sola noche. Fue la noche del 9 de diciembre de 1933, antes el 10 de agosto de 1932 la iglesia fue atacada, pero sin éxito por la llegada a tiempo de los guardias de asalto. Pero el 9 de diciembre consiguieron los revolucionarios de izquierda su propósito. A las diez comenzaron a repicar las campanas avisando del suceso. Un centenar de personas obligó al sacristán a abrir las puertas de la iglesia, reunieron los bancos en el centro del templo y les prendieron fuego. Todo el tesoro artístico de la iglesia constituido por imágenes, retablos, cuadros, cornucopias y ornamentos sagrados, fue destruido por las llamas, incluyendo la venerada imagen del Cristo de la Luz y de la Dolorosa, que parece que en esos tiempos estaba a los pies del Crucificado. Tan sólo quedaron en pie los muros de la iglesia y la torre, que aún podemos hoy contemplar en el mismo estado en que quedó. Después fue detenido un grupo numeroso de jóvenes anarquistas, pero la pérdida estaba consumada.


La hermandad, ante la falta de imagen, encarga en 1935 al escultor y profesor de la Escuela granadina de Bellas Artes, Sr. Martínez Olalla, la ejecución de un nuevo Crucificado de tamaño similar al antiguo. A finales de marzo de 1937 el Arzobispo-Cardenal don Agustín Parrado visitó el templo con el Delegado de Bellas Artes Fidel Fernández Martínez, realizándose algunas obras de consolidación de los restos de la iglesia. Ese año, pocos días después la Hermandad recuperó los tradicionales cultos de los "reviernes", aunque esta vez los celebró en la iglesia de San Cristóbal. En los años siguientes de 1938, 1939 y en los años cuarenta, la hermandad celebra sus cultos con una función de desagravios en la iglesia de San Bartolomé, interviniendo don Juan Cuenca, el canónigo del Sacromonte D. Angel Guevara Horcas, el que después sería arzobispo de Granada, don Rafael García y García de Castro, don Alberto Gómez Matarín, párroco del Salvador, entre otros. En estos años y en la mayor parte de los anteriores del siglo no se celebraría la procesión.

En los años cincuenta del siglo XX, la hermandad celebró sus cultos en la iglesia del Salvador, tal vez por las pésimas condiciones en que quedó la de San Bartolomé. Más tarde, en 1956, pasa al
convento de Santa Isabel la Real hasta que en 1979, se traslada otra vez la hermandad, dejando el Albaicín a la Iglesia de San Matías. Y ya en 1986, llega al convento de las Carmelitas Calzadas, donde la hermandad de asienta y se dejan de celebrar los siete reviernes para que se produzca un septenario durante la Cuaresma. A raíz del quinto centenario de la creación de la hermandad (2012) se vuelven a celebrar los siete reviernes, pero esta vez en el convento de los Ángeles, y se siguen celebrando allí hasta 2014.

A raíz de las obras en la capilla del Monasterio de MM. Carmelitas y de la reorganización de la capilla del convento cuando terminen estas, la hermandad se reune en Cabildo Extraordinario y toma la decisión de cambiar nuevamente de sede a su origen, el Albaicín, debido a la creación de una capilla en el Salvador destinada al Cristo de la Luz y el amplio deseo de los hermanos en devolver al Santísimo Cristo a su barrio.
 


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