Esta
iglesia, actualmente en ruinas desde el incendio que sufrió durante la
II República española, se levantó, según la tipología mudéjar de iglesia
de cajón, sobre una mezquita de la que se conserva el aljibe que hay
junto a la fachada. Finalizado el templo en 1526, sufriría adiciones en
el siglo XVIII, consistiendo éstas en la ejecución de las capillas
laterales y de la actual torre. En este templo recibía veneración un
Crucificado bajo la advocación del Cristo de la Luz, de gran arraigo
popular. Tenía un sistema curioso, incluso considerado raro en la
arquitectura de esta ciudad, de cubrir la nave con armaduras mudéjares
sobre dos gruesas vigas maestras.
El
edificio de la antigua iglesia parroquial de San Luis está ubicado en
la calle homónima, en la zona más elevada de la misma, casi en las
faldas del Cerro de San Miguel Alto o del Azeytuno. Fue una de las 23
parroquias erigidas en Granada a instancias del arzobispado granadino
para regular la división eclesiástica de la ciudad y la evangelización
de la población musulmana convertida a la fuerza al cristianismo. En
concreto, en este caso, como en muchos otros, la parroquial fue fundada
sobre una mezquita preexistente para afianzar el dirigismo ideológico,
cultural y religioso sobre la nueva población morisca, utilizándose para
ello la vieja mezquita de la Pureza (Masyid al-Safa). Del pasado
islámico de esta zona queda un importante vestigio material, cercano a
la iglesia y antaño a él perteneciente: el pequeño aljibe de paso de San
Luis, del periodo nazarí granadino (siglos XIII-XV).
La
mezquita al-Safa sería sustituida en 1526 por el nuevo templo de San
Luis, según un programa constructivo de origen gótico-mudéjar que puede
calificarse como transicional hacia la plena configuración del mudéjar
renacentista granadino, por la combinación de arcos diafragma de origen
levantino y techumbre a dos aguas con armaduras de lazo. Este templo
sería de reducidas proporciones, para una feligresía morisca de carácter
modesto, que sufrió negativamente los efectos de una grave tormenta el
año 1629, al reducirse su feligresía y la inmediata de San Gregorio Alto
y desaparecer la de la perdida parroquial de Santa Isabel de los
Abades. Posteriormente se añadieron a la nave parroquial capillas
laterales, desapareciendo la portada lateral del mismo, y, en 1794, fue
reedificada su torre por Miguel Cirre.
En
1842 fue suprimida San Luis como iglesia parroquial, pasando a ser
entonces ayuda de la parroquia del Salvador. Fue uno de los templos que
sufrió los desórdenes anticlericales acaecidos en Granada durante la II
República Española, con ataques frustrados en 1932 y el incendio sufrido
en diciembre de 1933, que dejó el edificio reducido a los muros
perimetrales, arcos diafragma y la sacristía. La reconstrucción parcial
del templo se llevó a cabo en 1937, bajo la dirección de los arquitectos
Prieto Moreno, Wilhemi y Fígares y Casas, pero ésta alcanzó sólo a la
consolidación de los muros, sin techarse la cubierta, quedando en ese
estado hasta la actualidad, en que el solar de la iglesia está ocupado
por una huerta al abrigo de los muros de la iglesia.
El
templo de San Luis, a pesar de su estado semirruinoso, es una
interesante obra del mudéjar granadino. Como se ha dicho, es una fábrica
de reducidas proporciones, de una sola nave, de aproximadamente 18
metros de ancho por 48 de largo, en un solar rectangular algo irregular.
Se basa en un programa constructivo de origen gótico-mudéjar, como el
edificio cercano de la antigua parroquial de San Gregorio Alto o Magno,
aunque en este caso con atisbos de un cambio transicional importante,
por la mezcla de faldones y armadura de lazo, y que queda bien ilustrado
en las parroquiales de San Miguel y Santiago por su buen estado de
conservación. Este carácter gótico mudéjar del edificio se debería a la
intervención del maestro Rodrigo Hernández como tracista, según
Gómez-Moreno Calera (1985), de esta iglesia, así como de las de San
Matías, San Andrés, San Miguel, San José, San Nicolás, San Gregorio, San
Cecilio y la desaparecida Santa Isabel de los Abades. Las techumbres de
esta iglesia, realizadas por el carpintero Juan Ruiz eran muy
originales y poco frecuentes en la ciudad, según Gómez-Moreno (1892)
dado que entre los arcos diafragma se extendían dos zapatas góticas para
sostener sendas vigas gruesas de madera, entre las que se desarrollaba,
hacia el centro, una armadura de par y nudillo; y, hacia los muros
laterales, faldones inclinados, para ahorrar las maderas maestras que se
necesitaban para formar un techo como el de la parroquial de San José.
De esta forma, se emplearía un sistema de techumbre más propio de
iglesias de tres naves, pero para una nave única.
Según
Gallego Burín (1946), entre los estribos de los dos arcos diafragma
ojivales, de origen levantino, y el arco toral del mismo diseño, con
escudo del arzobispo fray Pedro Ramiro de Alva, se crearon en el siglo
XIX cuatro capillas intermedias (con el término “modernamente” se
refería a ellas Gómez-Moreno en 1892), a las que habría que sumar dos
espacios preexistentes a los lados de la capilla mayor, cuadrada y más
alta, de los que el ubicado en el lado de la Epístola servía de
antesacristía, dando paso a la sacristía, estancia rectangular en
sentido transversal a la nave del templo. Y, asimismo, el primer hueco
del lado de la Evangelio servía para albergar la torre cuadrada,
mientras que el frontero fue el lugar ocupado por la capilla del
venerado Cristo de la Luz, realizada en 1733 por la hermandad homónima,
cuyos volúmenes se aprecian desde el exterior del templo. Tuvo coro alto
en el primer tramo de la nave, sobre la puerta de acceso.
La
portada de la iglesia aún se conserva, aunque tapiada. Se trata de un
sencillo vano de arco apuntado, con hornacina superior, donde estuvo la
estatua en piedra del titular del templo, trasladada en 1937 al Museo
Catedralicio. A los lados de la puerta y sobre la hornacina hay tres
óculos circulares y el remate de la fachada es triangular, a
correspondencia del tejado a dos aguas perdido. Este tipo de portada fue
el empleado en las primeras iglesias mudéjares granadinas, a imitación
del mudéjar levantino y sevillano, como puede verse también en las
parroquiales de San Gregorio, San Cristóbal y San Nicolás, previo a la
redefinición en clave humanista de las principales parroquias mudéjares
del Albayzín, según nuevos programas arquitectónicos surgidos a partir
de la década de 1540.
La
fábrica de los muros perimetrales, fachada y torre son de ladrillo.
Esta última, como se ha dicho, fue reedificada con diseño clasicista a
finales del siglo XVIII, como una estructura cuadrada con alto cuerpo de
tres vanos rectangulares y campanario superior de arcos muy peraltados,
que recuerda en parte a la torre del Hospital del Corpus Christi. La
sacristía es una de las estancias mejor conservadas, dado que no sufrió
los efectos del incendio que destruyó el templo, pero sí un brutal
saqueo. En
la primera capilla de la Epístola se veneraba, desde 1733 una de las
más célebres devociones populares de Granada: el Cristo de la Luz.
A
la derecha del templo se encuentra la antigua casa del sacristán, con
amplio huerto posterior, que hoy también invade la propia nave de la
fábrica parroquial. En la actualidad, el estado de conservación de sus
muros es muy precario, debido a la falta de cubierta. Sólo la torre
presenta buen estado e identifica claramente el carácter histórico y
artístico del edificio en una zona del Albayzín donde abundan los restos
de casas moriscas quinientistas. El resto, portada, muros perimetrales y
arcos diafragma, corre el peligro de desaparecer de no mediar una
intervención moderna.